Monday, January 30, 2006
Adios.
Todas las noches eran iguales y diferentes, sus manos recorrían mi cuerpo tiritarte por el frió de la noche oscura que ayudaba a ocultar las imágenes de una relación prohibida . Mis labios rozaban los suyos, bajando lentamente hasta su pecho, que mordí con pasión hasta llegar a su ombligo; comencé a subir y mis manos se enredaban en el como una serpiente a su presa. El roce de su pecho, suave como porcelana y recubierto por unos frágiles bellos dorados, produjo en mi una electricidad extraña que recorrió todo mi cuerpo. Su perfume inundaba toda la habitación al igual que la pasión y nuestra excitación era incontenible. Al terminar, nos quedamos abrazados en silencio donde nuestras mudas caricias hablaban hasta que fueron interrumpidas por su voz, diciéndome que ya era hora de partir, su avión saldría en hora y media y debía ir a buscar las valijas a su casa. Me quede acostado viéndolo vestirse lenta y cuidadosamente; me envolví en la bata y lo acompañe hacia la puerta. Bajábamos las escaleras, escaleras que no quería que terminen nunca, que fueran infinitas, eternas, pero sabia que eso nunca podría llegar a pasar. Abrí la puerta y antes de irse me beso dulcemente y se marcho. Sentía mis ojos llenarse de lagrimas al tiempo que el se iba alejando de mi. Entró su auto, y al arrancar me saludo con la mano y se marcho. Cerré la puerta, y estalle en un llanto inapacible, subí a mi habitación , me cubrí con el acolchado impregnado de su perfume, donde acababa de entregarle mi cuerpo y mi corazón.
Subscribe to:
Posts (Atom)