Bailando con él me encontré, un triste día donde todos, con sus ojos tristes me miraban y yo solo sonreía. Me sentía contento de poder abrazarlo, sentirlo apretarme contra su cuerpo haciéndome sentir cada parte de su naturaleza divina. Sentía como me tomaba por la cintura y controlaba cada movimiento, un titiritero que movía mis hilos a su antojo, decidiendo por mi cada una de mis decisiones.
Bailando con mi diablo es donde yo me encontraba, con todos aquellos ojos tristes tratando de separarnos. En un instante deje de verlos y aparecí en una habitación sin ventanas y con un puerta cerrada que trataba de abrir. Sentado ya en el frió suelo blanco de mi prisión fue donde comencé a sentir gritos de horror, que venían del otro lado de la puerta.
Mi curiosidad pudo mas y despacio me acerque a mirar por la cerradura, mientras más me acercaba más fuertes y desgarradores eran los gritos. Ahí estaba, ahí lo pude ver todo, me veía a mí sufriendo y llorando por cada par de ojos tristes, me veía a mi mirándome en un espejo sin saber en como me habia convertido en aquel ser.
Mis ojos se abrieron y pude comprender todo...
Solo miraba en mi interior.
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3 comments:
Apa la papa!!!! Muy bueno queridooo!!! Espectacular, grandioso, Me encantó!
Pero basta de alagos...
Hagamos trío en un blog. Eso sería groso. Cada uno aporta sus mambos y sus volteretas en lugares dónde las ideas pasean, y nada es razonable, nada es tangible. Donde todo esté ubicado a 15 cm. de la realidad. Siendo casi real, pero no tanto.
ya!!! en la semana nos juntamos y lo hacemso!
Eze,
Vos decís... «Bailando con mi diablo es donde yo me encontraba, con todos aquellos ojos tristes tratando de separarnos».
Y se me ocurre reflexionar lo siguiente... ¡Cuán pesada es la mirada del otro (presión psicológica o social, por ejemplo) cuando uno manifiesta sus más profundos sentimientos, y para colmo cuando esos deseos o sentimientos son vistos como cosa negativa o mala! Cuando se vivió como negativo algo tan innato y connatural, como son los deseos, y se da rienda suelta a esa realidad se suele vivir con culpa y esta lleva, en ocasiones, a la desolación, la cual nos conduce, también, a mirarnos con cierto desprecio... ¡Cuán difícil es la aceptación de sí mismo cuando el entorno no sabe lo que hay en lo profundo del corazón del otro...!
Tambien dices: «Mis ojos se abrieron y pude comprender todo...
Solo miraba en mi interior».
¿Qué hay en el interior del hombre? Tan solo Oro y Barro. El barro es aquello que envilece el oro que siempre está. El barro es el desprecio que el mismo hombre se provoca. El barro pueden ser, también, las conductas negativas que afean la persona, quien es capaz de superarse día a día. El oro es todo lo que la persona vale. Y uno vale más de lo que se imagina. En general, solemos ver tan solo lo negativo. No tenemos una visión positiva de nuestra humanidad; y ese es el gran error. Somos Oro. Tenemos, tenés, capacidades, dones, talentos, cualidades... Todas ellas te ennoblecen, te hacen más... Te hacen más persona... Tal vez, si fuéramos más concientes del oro que somos, nuestra autoestima sería distintas y podríamos ser más felices...
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